A lo largo de la historia las marcas han ido invadiendo los distintos ámbitos de nuestra vida. No solo estamos rodeados de marcas cuando salimos de compras o cuando nosotros decidimos estar expuestos a ellas. Los mensajes publicitarios y las imágenes de marca pertenecen ahora a la cultura e industria cultural de cada país. Estos dos elementos aportan a construir la cultura de cada lugar, esto debido a que el carácter connotativo de ambos se construye sobre la base y modifica el imaginario colectivo de los públicos. Esto demuestra que las marca han dejado hace mucho tiempo de servir solo para “marcar” los productos, ahora poseen una carga emocional que cada vez es más importante al momento de publicitar o de persuadir a los consumidores.
Esto puede sonar un poco intimidante, pero felizmente el control de estas construcciones culturales está bastante equilibrado, debido a que las empresas pueden proponer y persuadir, pero finalmente son los consumidores lo que validarán los significados y los que los convertirán en parte de esta “cultura de marcas”. Esto puede ser un arma de doble filo para las empresas, debido a que este universo signicante no puede ser controlado. Entonces siempre se corre el riesgo de que las percepciones negativas se cuelen dentro de la red de significados propuestos para una marca. Recordemos que las percepciones son construcciones mentales muy frágiles, es por eso que el trabajo de branding debe ser abordado con mucho cuidado.
Hemos propuesto una forma de ejemplificar lo anterior de forma sencilla. Imaginemos que entramos a un museo en el que se exhibe el “mundo” de cada una de estas marcas. En estas obras se recoge todo el halo de significados que rodean a cada una de ellas, positivos, negativos, divertidos, desagradables, etc. Creemos que es importante recoger todo lo que se “dice” de una marca porque en el mundo de las percepciones no es importante lo que es verdadero o falso, sino lo que percibe como verdadero.
jueves, 22 de abril de 2010
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